¿Por qué estudiar fundamentación filosófica de la acción humana?

Vivimos en una época largamente anunciada como posmoderna, la cual se quiere caracterizar como de pensamiento débil, relativismo moral, tensiones entre universalismo y comunitarismos, una creciente globalización que permite la aceleración creciente de las innovaciones disruptivas, por poner algunos ejemplos.

La impresión de vivir en tiempos acelerados puede generar la peligrosa idea de que aquello que se convierta en tendencia debe ser considerado como el último criterio de valoración y actuación para el ser humano.

A nivel político, por ejemplo, vemos cómo los congresistas legislan habitualmente al calor de los eventos recientes y de los intereses partidistas, minando los fundamentos de la ley con cada nueva regulación precipitada.

Este ‘signo de los tiempos’ se ve plasmado en el campo de la ciencia mediante el menosprecio a los aspectos metodológicos. El propio Mises ya lo constataba cuando en su obra magna Acción humana recordaba que la principal obligación que tiene todo economista con su ciencia es la de poseer un conocimiento profundo de los fundamentos de su disciplina. La ciencia económica en estos momentos es un claro ejemplo del desastre que supone perder el referente de rigor que aporta una verdadera reflexión sobre los supuestos en que se basa. Lo mismo podríamos decir de otras disciplinas sociales, cuyo estatuto de verdad científica está puesto en entredicho, resultado de décadas de influencia marxista y positivista.

La filosofía, madre de la ciencia, no es inmune a este proceso. Su pérdida de relevancia tiene que ver directamente con las voces internas que han puesto en duda el papel fundamentador que siempre ha jugado en relación al conocimiento. El nihilismo decimonónico cobró nueva fuerza en las universidades en Occidente a finales del siglo pasado, y desde entonces la filosofía ha quedado reducida a una manifestación más del diálogo intra-cultural. El alemán Karl-Otto Apel ha sido uno de los pocos filósofos influyentes a nivel académico que, desde el siglo XX hasta nuestros días, nadó a contracorriente, y se atrevió a criticar los efectos perniciosos de esta perspectiva filosófica.

Que este pensamiento posmoderno haya triunfado en este momento tiene graves consecuencias para la reflexión filosófica, pero también para la ciencia y la vida social, ya que se cierran las puertas para las pretensiones de verdad que trasciendan los marcos culturales particulares. La persuasión entonces sustituye a la argumentación en todos estos escenarios, lo que se traduce en creciente manipulación política, ideologización del conocimiento científico, y corrupción en todos los estratos de la sociedad.

En este curso sostendremos que este panorama responde precisamente más a una moda, una tendencia del momento, que a una constatación real de la muerte de la filosofía con pretensiones universales de verdad. En este sentido, recuperar una idea de filosofía como reflexión sobre los principios que sustentan las ciencias de la acción humana se presenta como una tarea obligada en el contexto de la construcción de una sociedad global más libre. Y si además el último paradigma de reflexión filosófica con pretensiones universales nos llega desde la praxeología gracias a los esfuerzos epistemológicos de Ludwig von Mises y de algunos de sus seguidores, razón de más para que el estudioso de las ideas de la libertad encuentre interesante el contenido de este curso.

Más información del curso:

Fundamentación filosófica de las ciencias de la acción humana

Catedrático, José Manuel Carballido:

José Manuel Carballido

Parte del programa de Posgrado / M.A. en Filosofía:

Maestría en Filosofía (modalidad virtual)

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Liberalismo y Literatura

Por Andrea Rondón*

Por Andrea Rondón*

“La libertad es un bien precioso, pero no está garantizada (…) La literatura, que respira y vive gracias a ella, que sin ella se asfixia, puede hacer comprender que la libertad no es un don del cielo sino una elección…”.

La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa.

Recientemente releí una entrevista que Carlos Rangel y Sofía Ímber [1] le hicieran a Jorge Luis Borges en 1981 cuando estuvo en Caracas. A la pregunta sobre si el escritor tiene un compromiso, Borges respondía que él tenía un compromiso con la Literatura y que aspiraba que sus libros mejoraran a las personas que los leyeran.

No creo traicionar el pensamiento de Borges si por mejorar entendemos a una persona cada vez más crítica, autónoma e independiente. Podemos incluso fundamentar esta afirmación al ver la posición política (su posición frente al Estado para ser más exactos) que definitivamente permeó en su obra.

En una entrevista Borges afirmó que “…yo me definiría como un inofensivo anarquista; es decir, un hombre que quiere un mínimo de gobierno y un máximo de individuo” (Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari: Reencuentro. Diálogos inéditos, Editorial Suramericana, 2001, p. 150). En esta afirmación está el deseo o aspiración de un individuo más independiente y más responsable (en lugar del Estado) de su proyecto de vida. Estas son las ideas que se defienden y difunden desde el pensamiento liberal [2].

A través de la Literatura se pueden transmitir estas ideas e incluso pueden ser recibidas con menor resistencia que si fuesen expuestas en otro contexto. No debemos olvidar que a los liberales o a los defensores de las ideas de libertad se nos acusa de fracasar en la divulgación de las ideas y que este fracaso se hace aun más evidente frente al discurso persuasivo del socialismo.

Andrea Rondón estará impartiendo en línea este curso para el tercer trimestre de 2016. Haga click sobre la imagen para saber más.

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