Biografía, política, lenguaje y muerte en el pensamiento de Viktor Frankl

Hoy quiero reseñar En el principio era el sentido. Reflexiones en torno al ser humano (Barcelona: Paidós, 2000). El libro consta de la transcripción de un par de entrevistas que Franz Kreuzer realizara a Viktor Frankl en 1980, de una conferencia “Sobre el poder de la obstinación de la mente” y un resumen de las teorías del vienés, “¿Qué es la logoterapia?”. Es otro volumen de miscelánea o recopilación de documentos franklianos.

De nuevo me parece un libro irregular por esto mismo, pero destacaré algunas ideas que me han parecido poderosas o ampliaciones de lo que ya sabía de la vida, obra y pensamiento de Viktor Frankl.

Hace unos días reseñaba las memorias de Viktor Frankl, autor del que solo había leído, hasta entonces, su famoso libro El hombre en busca de sentido. De sus experiencias vitales sacaba algunas conclusiones sobre el desarrollo de su logoteoría y logoterapia, que parecen confirmarse tras la lectura de este volumen.

 

No creo en el determinismo biográfico, pero, quizás por el tema al que dediqué mi tesis doctoral, sí me gusta leer las memorias, autobiografías o biografías de los autores que admiro.

La obra es mucho más que la vida del autor, y no puede reducirse a una respuesta ambiental o experiencial del autor a lo que le sucede, pero a nadie se le hurta que la biografía da un contexto histórico para la interpretación del sentido original de la obra y revela algunas claves de interpretación.

Mi intuición se ha confirmado en este pasaje:

“Se suele decir que cuando alguien funda un sistema psicoterapéutico, lo que hace, en resumidas cuentas, es relatar su propio historial patológico, dejar constancia escrita de él en ese sistema. Todos sabemos que Sigmund Freud padeció pequeñas fobias y que Alfred Adler no fue precisamente un niño sano y robusto. De este modo Freud llegó a su teoría del complejo de Edipo y Adler a la de complejo de inferioridad. Debo decir que yo no soy ningun excepción a esta regla. Soy consciente de que, cuando empecé a madurar, tuve que luchar mucho contra el sentimiento de que, al fin y al cabo, todo era un completo sinsentido. Aquella lucha acabó convirtiéndose en una determinación, y entonces desarrollé un antídoto contra el nihilismo.” (pp. 9–10)

El origen de la pérdida generalizada de sentido, que observamos en el mundo capitalista, en el mundo del socialismo real y en el llamado tercer mundo o países en vías de desarrollo, según Frankl, tiene que ver con la pérdida del sentido que daban a la vida humana las tradiciones que guiaban sus actos (p. 104) y no tanto con la pérdida de la fe o de las creencias religiosas, como habría afirmado Hans Kühn (pp. 17–19). Dice:

“Así, un hecho sociológico, como la pérdida de las tradiciones, es lo que provoca tanta inseguridad existencial al hombre de hoy.” (P. 106)

No lo explicita en este libro, pero entiendo que Frankl ve la explicación de la pérdida de la fe como un reduccionismo. La tradición incluye la religión, pero no solo a ella: es toda una cultura o antropología, generalmente vinculada a una forma de entender el mundo y la vida, las relaciones entre personas y con el entorno. El paso de la vida agraria o cazadora-recolectora tradicional al mundo urbanizado e industrial parece tener mucho más que ver en esta peste de nihilismo que nos asola. Y se observa tanto en el alto índice de suicidios de los indígenas del Canadá (pp. 104–105), como en el alcoholismo de los blancos británicos de clase trabajadora en el multicultural Reino Unido de nuestros días. Explica como estos fenómenos autodestructivos, como el suicidio juvenil, el alcoholismo, las drogas y la criminalidad están relacionados con esta falta de sentido (pp. 105–109). El mismo “síndrome del indio borracho”, sin identidad y alienado en el mundo moderno, se ve de modo especular entre los nativos del Canadá y los nativos del Reino Unido, entre los habitantes del mundo desarrollado y los del mundo subdesarrollado por muy parecidos motivos:

“Existen dos trabajos realizados por profesores norteamericanos que han estado en países subdesarrollados. En ellos se demuestra que esta sensación de falta abismal de sentido también campa a sus anchas en el Tercer Mundo, especialmente entre la juventud académica, porque, simplemente, está desarraigada, alienada. ¿Por qué? Pues porque a los países subdesarrollados sólo les hemos vendido tecnología y ciencia. Si lee a Schrödinger o a Einstein, verá que la ciencia no puede dar ningún sentido ni ningún objetivo. La ciencia no puede hacerlo por principio. ¿Y qué es lo ha hecho la técnica? La técnica nunca podrá dar un propósito. Al contrario, sólo puede poner en nuestras manos los medios para alcanzar el propósito.” (p. 39)

La logoterapia, en tanto que método de tratamiento psiquiátrico, es un acercamiento secular y sería “aplicable a cualquier paciente, tanto al religioso como al no religioso” y su manejo estaría en manos de cualquier terapeuta, “tanto el agnóstico como del religioso” (p. 19). La logoteoría estudiaría las creencias religiosas como un “fenómeno esencialmente humano, terrenal” (p. 19). Puede haber sentido en la vida de una persona, crea o no, del mismo modo que puede sentirse perdida, con falta de sentido, aún teniendo fe o siendo religioso, como en el ejemplo de la monja carmelita deprimida que también cita (pp. 51–52). Mientras que la religión querría “salvar o curar el alma y la logoterapia, y también la logoteoría quiere curar la mente” (p. 50). Y, en esta línea secular, Frankl sigue:

“Por regla general, una persona religiosa puede encontrar un sentido antes o, digamos, más fácilmente que una no religiosa. Antes he apuntado, y está empíricamente demostrado, que, en principio, cualquiera puede encontrar su sentido. No obstante Küng dice en uno de sus libros que, en determinadas circunstancias, la Iglesia, más que curar, puede provocar crisis de sentido. […] En realidad, la religiosidad no es ninguna garantía frente a una dolencia neurótica o incluso psicótica. Y viceversa: la ausencia de neurosis tampoco garantiza la existencia de religiosidad.” (pp. 50 y 52)

Por otro lado, si quitamos el 80% de las fobias y neurosis obsesivas, y nos referimos al 20% de neurosis condicionadas por la aparente falta de sentido de la existencia humana, Frankl afirma que esto “no es nada patológico, […] es un certificado de la madurez intelectual de la persona, y no la manifestación de una enfermedad mental” (p.14). En otro lado lo considera, del mismo modo, la manifestación de “una mayoría de edad mental” (p. 105). La forma de superar esta dolencia o crisis de madurez, siguiendo la logoterapia, sería que el paciente se enfrente

“a lo que tiene en deuda con su autorrealización, a las posibilidades de realizar su sentido. De repente su horizonte empieza a ampliarse y se da cuenta de que hay unas tareas a la espera de él, y que quizá sólo él, es capaz de cumplir. […] En ciertas circunstancias, esta clase de personas se activan o reactivan políticamente” (p.22)

Esta reflexión me parece muy oportuna para poder entender por qué en nuestras sociedades secularizadas la política se vive casi como una religión, en las llamadas religiones cívicas, seculares o políticas. Es la falta de sentido la que politiza a las personas y puede ser una clave para entender la extensión del populismo en todas las sociedades actuales. La secularización, fruto de las comunicaciones globales y nuestras sociedades multiculturales, nos conduce a una falta de sentido que mucha gente suple con algún tipo de militancia política. Se encuentran aquí ecos del Engagement o compromiso de los existencialistas. Cabría explorar sobre qué puntos en común y en qué se diferencia esta observación de Frankl de las posturas existencialistas. Desde mi punto de vista, las religiones políticas son un paso intermedio entre el sentido tradicional y el sentido individual. Las personas que se sienten perdidas, a las que no les sirve la tradición, pero no son capaces de encontrar un sentido particular a su frustración existencial, se acogen a estos cultos colectivistas como una versión aligerada y urbana, industrial, de la tradición que antiguamente ordenaba la vida agraria.

La propuesta de Viktor Frankl, lejos de ser una conservadora vuelta a un pasado o tradición o valores que no puede ser ya rescatados, es una apuesta por una nueva búsqueda de sentido, particular o individual para cada persona. El sentido “pide ser descubierto y encontrado de forma independiente y autónoma” (p. 105):

“Las tradiciones desaparecen, se hacen pedazos, y con ellas, los valores transmitidos. La gente, sobre todo los jóvenes, se preguntan: ‘¿Para qué tengo que alcanzar unos valores? ¿Para qué?’ […] La cuestión del sentido de la vida es justamente primordial, y esto significa que en una época en que los valores e ideales transmitidos ya no aparecen como obligatorios, al menos para los jóvenes, habrá que encontrar el sentido contrapuesto a los valores. […] Lo que quiero decir con esto es que el sentido no se puede transmitir, como tampoco se puede tomar de las manos de la tradición. Es algo único e irrepetible. ¿Cómo pueden la tradición o nuestros padres saber qué clase de deberes o situaciones concretas debe imponernos o proponernos? Por eso creo que el descubrimiento del sentido es esencialmente independiente de la tradición. Simplemente no hay vuelta atrás.” (pp. 37–38)

La reacción no es, por tanto, una solución a la falta de sentido o el nihilismo. Mientras que la razón es la base de la técnica y de la ciencia, ninguna de éstas tiene la posibilidad de establecer fines, objetivos o sentido. Por eso la gente ha reaccionado en un sentido irracionalista. Sin embargo, la propuesta de Frankl es la de avanzar hacia un racionalismo con con sentido o trascendente, un “transracionalismo” (p. 40).

También hay una reflexión sobre la relación entre fines, medios y las políticas de la felicidad muy interesante en estas páginas. Al ser preguntado por la felicidad, Frankl responde:

“Niego de forma categórica que el hombre busque original y principalmente la felicidad. Lo que el hombre quiere es tener un motivo para ser feliz. Una vez tiene el motivo, la felicidad llega por sí sola. Pero si en lugar de aspirar a un motivo para ser feliz, persigue su propia felicidad, fracasará en el intento y se le escapará.” (p. 72)

El Estado no puede, por tanto, garantizarle la felicidad a sus ciudadanos. No bastan las condiciones socioeconómicas para ser feliz, si es que no hay un motivo personal para serlo. No se puede dar o imponer un sentido a la gente, sino que cada cual debe encontrar el suyo. Todas las políticas paternalistas fracasan a la hora de garantizar la felicidad. El ser humano no es un ser determinado por sus circunstancias, no es un aparato o máquina sobre el que se pueda ejercer una ingeniería que lo ajuste. Afirma Frankl ya a la altura de 1980:

“La gente es más infeliz en la sociedad del Estado del bienestar. Éste es el trasfondo sociológico del vacío existencial, del sentimiento de falta de sentido: la sociedad actual aspira a satisfacer sus necesidades, e incluso crearlas. Pero hay una necesidad, que, además, es la principal necesidad humana, que queda frustrada, que queda obviada por la sociedad: la necesidad de sentido. Dicho con otras palabras: el relativo bienestar material está acompañado de un empobrecimiento existencial” (p. 41)

La reflexión enlaza con otra de la conferencia de recogida en este volumen. Al rememorar otra conferencia dada a los presos del presidio de San Quintín, San Francisco, apeló a la responsabilidad de los propios presos de superarse a ellos mismos para ir más alla de su estado de culpabilidad y de la victimización del marginado, del impotente o del criminal:

“Miren, puedo demostrar que lo aceptaron favorablemente, que tuvo éxito, porque presentar a una persona que ha cometido un crimen cualquiera como víctima de las circunstancias no tiene nada que ver con el humanitarismo, sino todo lo contrario, es una de las peores humillaciones que podemos causar a un ser humano, una violación de su dignidad, porque, si así lo hiciéramos, lo consideraríamos un mero aparato estropeado, una máquina que debe ser reparada, cosa que el hombre no es en absoluto” (p. 94)

El peor efecto del nihilismo o el vacío con el que se enfrenta la gente es el fatalismo con el que se acompaña esa victimización:

“El nihilismo se dice a sí mismo que no sirve de nada dar la mano a la vida, controlar el destino, porque, al fin y al cabo, la vida no tiene ningún sentido. El fatalista se dice a sí mismo que eso no sólo es inútil, sino completamente imposible, porque no somos libres, ni siquiera responsables, sino que somos las víctimas de la coyuntura, del entorno, de las circunstancias.” (p. 89)

Todo lo contrario, las personas son libres -dentro del margen de las opciones posibles- y por tanto, responsables, capaces de tomar las riendas de su propio destino, de superarse, de madurar, de autotransformarse, de configurar las circunstancias y transformarlas allí donde haga falta

Otras reflexiones políticas de interés en el libro, aunque solo aparecen apuntadas serían (pp. 37, 69–71):

  • La culpa siempre es individual, nunca colectiva. La acción es siempre responsabilidad de uno, no de un colectivo. En cuanto a la condena del nacionalsocialismo, se opuso a la condena colectiva de Alemania. El tema es abordado con más profusión en otras obras del vienés.
  • La condena del maquiavelismo político en casos como el comunismo y el terrorismo: el fin nunca justifica los medios.
  • El terrorismo se explica psicológicamente por el vacío existencial de los terroristas: personas que han huído hacia adelante, y que se justifican maquiavélicamente o de modo victimista. Cabría comparar estas ideas con las expresadas por Eric Hoffer en El verdadero creyente.
  • El futuro del conjunto de la humanidad dependerá de si “se pone de acuerdo a través de una voluntad por un sentido compartido” sea este el que sea y mediante el medio que sea.

Esta autotransformación es posible gracias a dos características humanas que, según la logoteoría, pueden activarse mediante la logoterapia para lograr esa autotransformación.

La primera de ellas sería la autotrascendencia. Frankl no usa el término altruismo, pero interpreto esta autotrascendencia como un “salirse de uno mismo” para darse a lo otro o al otro que no soy yo mismo. Muchas veces el sentido de la vida para el paciente se encuentra en una acción, en una tarea, proyecto u obra, o en una experiencia de algo o de alguien (p. 33, 112, 103). La experimentación de alguien en todas sus dimensiones es el amor. Aquel que encuentra algo o alguien al que amar, con un amor entendido como deber específico o entrega (p. 35, 43), encuentra el sentido a su vida, según Frankl. “Nos realizamos en el amor y en el trabajo” (p. 45) dice más adelante.

Esta autotrascendencia es independiente de las características o circunstancias de la vida de la persona, de su religión o falta de ella, o de su credo. Se trata de salir del solipsismo neurótico para ir al encuentro de lo otro, sacar el foco de uno y sus problemas para ver en qué podemos servir o ser útiles al mundo. En ese sentimiento de utilidad se puede desarrollar el sentido de competencia y la tan buscada autoestima. Aquel que no sale de sí, naufraga dentro de sí mismo, en su aislamiento. Una de las técnicas que usa y explica Frankl es la de la desreflexión, o la compensación de la hiperreflexión mediante la desviación de la atención fuera de sí. A veces, el sentido, siguiendo la influencia reconocida del Círculo de Viena, a través de su profesor Edgar Zilsel, pertenece al terreno de lo inefable, parafraseando la famosa máxima de Wittgenstein (“De lo que no se puede hablar, es mejor callar”). A esto Frankl afirma que no somos nosotros los que preguntamos a la vida por su sentido, sino que es la vida la que nos pregunta a nosotros continuamente qué hacer, qué decisión ejecutiva tomar. Respondemos a la vida, no con palabras, sino con acciones, acciones libres y responsables que asumen el costo de oportunidad. “Es decir, el hombre es el interrogado y cualquier situación de la vida es una pregunta” (p. 57 y 58). Dice

“Quiero hacer algo en el mundo exterior, nada de reacción o abreacción, sino acción, quiero transformar algo en el mundo, no dejar que me canten ninguna nana” (p. 60)

La otra característica humana que potencia la logoterapia es el autodistanciamiento. Esto es lo que Frankl denominaba en el libro de sus memorias “la metafísica del humor”. No sería otra cosa que la capacidad de afrontar las cosas que suceden con buen humor, con autoironía. El hombre es el único animal capaz de reír, y más allá, de reírse de sí mismo (pp. 113–114), de autoparodiarse, de distanciarse de sí mismo y de su neurosis para parodiarla (pp. 29–30). Frankl no lo explicita en este libro, pero entiendo que esta capacidad también puede entenderse como una capacidad metalingüística o reflexiva. Sólo aquel que puede trascender su condición de sujeto puede pensarse a sí mismo como objeto. La conciencia humana es esta capacidad autoconsciente, reflexiva, metanoética y metalingüística de los seres humanos, que nos permite distanciarnos de los problemas para permitir, precisamente, su análisis.

La técnica de la intención paradójica sería una de estas formas de actuación irónica, contrafóbica, que movilizarían esta capacidad de autodistanciamiento dentro del tratamiento de la neurosis psicógena. El libro se explaya en ejemplos, pero basta aquí la explicación sucinta de la técnica en un pasaje breve:

“Definiremos la intención paradójica como aquella operación en la que se insta al paciente a creeerse todo aquello que antes había temido tanto (en la neurosis de ansiedad) o a ponerlo en práctica (en la neurosis obsesiva). […] consiste en invertir la intención que caracteriza a los dos modelos de reacción patógenos” (p. 118)

La última sección de esta reseña de este libro algo deslavazado la quiero dedicar al último tema que me ha parecido tratado con originalidad dentro del mismo: la muerte en la logoterapia.

La muerte cumple una función fundamental en la logoterapia. Se encuentran aquí ecos de la tradición occidental y su tópica sobre la muerte (Memento mori, Collige virgo rosas, Carpe diem, etc.). La conciencia de la muerte, o dicho de otro modo, la conciencia de la transitoriedad de la vida, supone un aliciente para aprovechar el tiempo. Olvidarnos de la muerte supondría, según Frankl:

“Nos desactivaría. Nos haría inútiles. Nos paralizaría, no tendríamos ningún estímulo para actuar. Perderíamos la capacidad de ser responsables, la conciencia de responsabilidad para aprovechar cada día y cada hora, es decir, para realizar un sentido cuando se nos presenta, cuando se nos ofrece momentáneamente” (p. 78)

Lejos de aniquilar la concesión del sentido de la vida, la muerte la dota de pleno sentido. La transitoriedad nos dota de “ser pasado”, del almacén, depósito o cosecha de la vida. No queda muy claro a qué se refiere Frankl con este concepto, pero pareciera que se refiere, sin mencionarlo, a la memoria, a la historia, al recuerdo postrero o la fama. En este sentido podríamos comparar a Frankl con Ortega y Gasset en aquello de que el hombre no tiene ser, lo que tiene es historia. El sentido último y completo se encuentra en el relato de una vida, es biográfico. Solo con la muerte podría empezar a contarse y relatarse una vida y, por tanto, encontrar su sentido total o último.

Sobre la vida después de la muerte hay una respuesta un tanto ambigua en un hombre espiritual como él. No considera legítima la pregunta sobre qué sucede después de la muerte, pregunta que considera absurda, por desaparecer con la muerte el concepto de tiempo:

“Por eso, para mí se eliminan también cuestiones como la reencarnación y, sobre todo, la vida después de la muerte. El concepto de tiempo muere con nosotros, nos lo llevamos a la tumba junto con el concepto de espacio. En nuestros ataúdes no hay lugar para el espacio y el tiempo.” (p. 79)

Afirma acto seguido que sería como un pase a la eternidad, un tiempo que se prolonga hacia el infinito, por encima del espacio y el tiempo. A la pregunta de su creencia en Dios, responde con elusivas, reclamando que es algo que pertence a su intimidad. Pero deja algo claro:

Kreuzer: ¿Responde con eso también a la pregunta sobre su creencia en Dios?

Frankl: Sí, en cierto sentido, porque lo que he dicho es un antiantromorfismo, o sea, una postura crítica a las percepciones religiosas primitivas o, digamos, ingenuas.” (pp. 79–80)

¿Fue Viktor Frankl un deísta monista, no dual, o panteísta? No queda claro, ni explícito, pero sus lecturas juveniles (Spinoza, Vedantas, Budismo) puede que tuviera alguna influencia en su concepción personal e íntima de la espiritualidad o la religión, como vimos en otra entrada.


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El papel de la religión en la sociedad moderna

El pasado domingo, 1 de abril de 2018, algunos catedráticos de la Escuela de Posgrado de la UFM tuvimos la suerte de aparecer en el programa Dimensión en Canal 3 de Guatemala en donde fuimos invitados para hablar sobre “El papel de la religión en la sociedad”. El programa, producido por la asociación guatemalteca Libertad y Desarrollo del empresario guatemalteco Dionisio Gutiérrez, anunciaba el programa en los siguientes términos en su web (de donde tomo prestadas las fotos del programa):

El fenómeno religioso ha sido un tema muy investigado a través de la historia. Alrededor del mundo la existencia de uno o varios dioses, los rituales espirituales, los textos sagrados, etc. han marcado una pauta importante para las culturas. Es por eso que la religión se ha convertido en punto de partida para entender dinámicas sociales, pues revela características, tanto sobre comportamiento de la propia sociedad, como del individuo.

Esta semana, en Dimensión, discutimos sobre la importancia y el papel de la religión para las sociedades a través de la historia:

– Johann Melchor (Historiador del arte)

– Gonzalo Chamorro (Teólogo)

– Manuel Pulido (Director de postgrados [sic, Escuela de Posgrado] de UFM)

El debate estuvo marcado por el tono cordial y respetuoso, como no podía ser de otro modo entre amigos. Tengo la enorme fortuna de contar con el Dr. Johann Melchor como coordinador de nuestro programa de Posgrado / M.A. en Historia del Arte Sacro en la Escuela de Posgrado de la UFM, donde aborda con enorme profesionalidad académica y sensibilidad artística el fenómeno artístico con mayor tradición en Guatemala. El maestro y doctorando en la UFM Gonzalo Chamorro, es un joven teólogo erudito, muy instruido, que el próximo año estará impartiendo en nuestro programa en línea del Posgrado / M.A. en Filosofía algunos cursos como uno de la Teología de la Liberación desde una perspectiva histórica y filosófica. 

Cada uno expuso algunas ideas interesantes como el valor de la la Contrarreforma en el arte religioso católico frente a la iconoclastia protestante (Melchor), así como el valor de la Reforma Protestante como uno de los productos más destacados del Renacimiento (Chamorro), así como la importancia del derecho a la blasfemia para mantener las libertad de culto o creencias (Pulido).

Dejamos enlace del video del programa grabado:

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Cursos del segundo trimestre de 2018

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¿Por qué estudiar fundamentación filosófica de la acción humana?

Vivimos en una época largamente anunciada como posmoderna, la cual se quiere caracterizar como de pensamiento débil, relativismo moral, tensiones entre universalismo y comunitarismos, una creciente globalización que permite la aceleración creciente de las innovaciones disruptivas, por poner algunos ejemplos.

La impresión de vivir en tiempos acelerados puede generar la peligrosa idea de que aquello que se convierta en tendencia debe ser considerado como el último criterio de valoración y actuación para el ser humano.

A nivel político, por ejemplo, vemos cómo los congresistas legislan habitualmente al calor de los eventos recientes y de los intereses partidistas, minando los fundamentos de la ley con cada nueva regulación precipitada.

Este ‘signo de los tiempos’ se ve plasmado en el campo de la ciencia mediante el menosprecio a los aspectos metodológicos. El propio Mises ya lo constataba cuando en su obra magna Acción humana recordaba que la principal obligación que tiene todo economista con su ciencia es la de poseer un conocimiento profundo de los fundamentos de su disciplina. La ciencia económica en estos momentos es un claro ejemplo del desastre que supone perder el referente de rigor que aporta una verdadera reflexión sobre los supuestos en que se basa. Lo mismo podríamos decir de otras disciplinas sociales, cuyo estatuto de verdad científica está puesto en entredicho, resultado de décadas de influencia marxista y positivista.

La filosofía, madre de la ciencia, no es inmune a este proceso. Su pérdida de relevancia tiene que ver directamente con las voces internas que han puesto en duda el papel fundamentador que siempre ha jugado en relación al conocimiento. El nihilismo decimonónico cobró nueva fuerza en las universidades en Occidente a finales del siglo pasado, y desde entonces la filosofía ha quedado reducida a una manifestación más del diálogo intra-cultural. El alemán Karl-Otto Apel ha sido uno de los pocos filósofos influyentes a nivel académico que, desde el siglo XX hasta nuestros días, nadó a contracorriente, y se atrevió a criticar los efectos perniciosos de esta perspectiva filosófica.

Que este pensamiento posmoderno haya triunfado en este momento tiene graves consecuencias para la reflexión filosófica, pero también para la ciencia y la vida social, ya que se cierran las puertas para las pretensiones de verdad que trasciendan los marcos culturales particulares. La persuasión entonces sustituye a la argumentación en todos estos escenarios, lo que se traduce en creciente manipulación política, ideologización del conocimiento científico, y corrupción en todos los estratos de la sociedad.

En este curso sostendremos que este panorama responde precisamente más a una moda, una tendencia del momento, que a una constatación real de la muerte de la filosofía con pretensiones universales de verdad. En este sentido, recuperar una idea de filosofía como reflexión sobre los principios que sustentan las ciencias de la acción humana se presenta como una tarea obligada en el contexto de la construcción de una sociedad global más libre. Y si además el último paradigma de reflexión filosófica con pretensiones universales nos llega desde la praxeología gracias a los esfuerzos epistemológicos de Ludwig von Mises y de algunos de sus seguidores, razón de más para que el estudioso de las ideas de la libertad encuentre interesante el contenido de este curso.

Más información del curso:

Fundamentación filosófica de las ciencias de la acción humana

Catedrático, José Manuel Carballido:

José Manuel Carballido

Parte del programa de Posgrado / M.A. en Filosofía:

Maestría en Filosofía (modalidad virtual)

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El obstáculo es el camino

Hoy les comparto la presentación que ayer 4 de diciembre ofrecí en el club de lectura sobre estoicismo (Stoa Guatemala) en la librería Sophos, “El obstáculo es el camino: Las tres reglas de Marco Aurelio”: 

“Porque la inteligencia derriba y desplaza cualquier obstáculo que se oponga a una actividad programada; y se convierte en acción aquello que lo refrenaba, y en camino lo que imposibilitaba el camino.” Marco Aurelio, Meditaciones, V, 20.

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¿Existe el libre albedrío o todo está determinado?

Filosofía de la Mente, Psicología Cognitiva y libertad humana

Si el mundo, la realidad, el cosmos, se compone de la unión de materia y energía, que fluye y se transforma mediante determinadas complejas relaciones causales de sus componentes mínimos y más sutiles, realmente ¿existe el libre albedrío? Si todo está determinado en última instancia, ¿cómo es posible la libertad humana? ¿Es la libertad una mera ilusión de la percepción de la psicología humana o tiene fundamentos filosóficos y científicos sólidos y válidos? ¿En qué consiste la capacidad del ser humano para decidir dentro de su ámbito de acción y percepción?

El siguiente curso se plantea abordar estas preguntas y otras relacionadas con las ciencias cognitivas y la libertad desde un punto de vista filosófico, psicológico y de los últimos avances de la neurociencia.

Friedrich von Hayek, economista interesado en cuestiones de psicología teórica, publicó en los años cuarenta un interesante estudio sobre la estructura de la mente humana, un poco forzado por la búsqueda de argumentos teóricos a favor del surgimiento espontáneo de las instituciones y la sociedad libre, y ahondó en la teoría del conocimiento humano sobre las que se supuestamente se fundamentarían estas. Todas estas intuiciones parecen irse corroborando y ampliando por los últimos avances de la neuropsiquiatría y las ciencias cognitivas. Abordaremos en este curso la lectura de la obra de Daniel C. Dennett y Joaquín M. Fuster para ampliar estas líneas del debate.

El curso tendrá una sesión de introducción por parte de la facilitadora, la Dra. Adriana Domínguez, psicóloga, y 8 seminarios socráticos entorno a la lectura comentada de las cuatro obras elegidas para este curso, dos por cada obra.

La evaluación tendrá en cuenta la participación en los debates y presentaciones de clase y un trabajo final sobre alguno de los aspectos de estos temas.

Bibliografía básica:

  • Dennett, Daniel C. (1984) Elbow Room: The Varieties of Free Will Worth Wanting (La libertad de acción. Barcelona: Gedisa, 1992).
  • Dennett, Daniel C. (2003) Freedom Evolves (La evolución de la libertad, Paidós, Barcelona, 2004).
  • Fuster, Joaquín M. (2013) The Neuroscience of Freedom and Creativity. Cambridge: Cambridge University Press (Cerebro y libertad. Los cimientos cerebrales de nuestra capacidad de elegir. Barcelona, Ariel. 2014)
  • Hayek, F. v. (1944) The Sensory Order, University of Chicago Press (El orden sensorial: los fundamentos de la psicología teórica. Madrid, Unión Editorial, 2011)

Datos del curso

Fechas: del 19 de enero al 23 de marzo de 2018.

Hora: viernes, de 6pm a 9pm

Modalidad: en línea, con aula virtual sincrónica.

Carga docente: 2 UMA, 30 horas lectivas

Programa: curso troncal de Filosofía, pero libre para cualquier persona interesada.

Costo: Q. 3,600 más costos administrativos que apliquen según tarifario de la UFM.

Contáctanos:

Filosofía de la Mente, Psicología Cognitiva y libertad humana

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La muerte de David Hume

Enlace

Dennis Rasmussen escribe este interesante artículo sobre la muerte de David Hume en Aeon Magazine:

As the Scottish philosopher David Hume lay on his deathbed in the summer of 1776, his passing became a highly anticipated event. Few people in 18th-century Britain were as forthright in their lack of religious faith as Hume was, and his skepticism had earned him a lifetime of abuse and reproach from the pious, including a concerted effort to excommunicate him from the Church of Scotland. Now everyone wanted to know how the notorious infidel would face his end. Would he show remorse or perhaps even recant his skepticism? Would he die in a state of distress, having none of the usual consolations afforded by belief in an afterlife? In the event, Hume died as he had lived, with remarkable good humour and without religion

Rasmusen, Dennis, “He died as he lived: David Hume, philosopher and infidel” Aeon Magazine, 23 Oct. 2017. URL:  https://aeon.co/ideas/he-died-as-he-lived-david-hume-philosopher-and-infidel

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En el centenario de la Revolución Rusa

Aprovechando la conmemoración del centenario de la Revolución Rusa de 1917, tenemos el gusto de presentarles esta nueva serie de cursos sobre el comunismo para el próximo trimestre, a empezar en la primera semana de octubre de 2017. Está abierto a todas las personas interesadas. Contáctenos para recibir más información.

El comunismo, como ideología, práctica política y fundamento de la conducta de más de una decena de estados, fue uno de los elementos más importantes en la historia del siglo XX. No puede entenderse lo ocurrido durante esta centuria si no se toman en cuenta la conmoción que significó la Revolución Rusa de 1917, la posterior Guerra Fría y la fuerza inspiradora y destructora que fue en todo el mundo, aun en planos como los del arte y la ciencia.

 

El principal objetivo del curso es presentar un relato histórico de su nacimiento, desarrollo y casi completa desaparición. Se ofrecerá a los estudiantes un análisis de sus principales proposiciones teóricas, muchas de las cuales sobreviven hoy en el marco de otras visiones del mundo, así como de sus acciones en los planos militar y político y las repercusiones que ellas tuvieron. El curso se divide en dos partes: en esta primera parte se estudian sus antecedentes teóricos y prácticos, su instauración en Rusia y su consolidación en las dos décadas que siguen a la revolución de 1917. En la segunda parte se analiza su participación en la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, su expansión en todos los continentes –menos en Oceanía- y su desaparición como fuerza geopolítica de importancia.

 

Durante el cuarto trimestre de 2017 se impartirá esta primera parte de Historia del Comunismo. Durante el primer trimestre de 2018 la segunda.

El curso está impartido por el Dr. Carlos Sabino:

Carlos Sabino

Lea más sobre este curso del en esta página web:

Historia del Comunismo I

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Nueva historia de la filosofía antigua, por Moris Polanco

Les compartimos la nueva publicación del catedrático de filosofía de la UFM Moris Polanco. Moris Polanco es doctor en filosofía por la Universidad de Navarra (España). Es profesor de filosofía en la Universidad Francisco Marroquín desde 1998, y coordinador del área de humanidades de la Facultad de Ciencias Económicas de esa misma universidad. Es autor de varios libros, entre ellos: Antología de textos de ética, Escritos filosóficos y humanísticos, Realismo y pragmatismo. Biografía intelectual de Hilary Putnam y Dudas y dificultades del español (2 vols.)

Polanco 2016 Historia de la filosofía Antigua

El Dr. Polanco, además de su labor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UFM, imparte el curso Filosofía del lenguaje en los pogrados / M.A. en Lingüística y Filosofía de la Escuela de Posgrado. 

La sinopsis de su libro, que ya puede conseguirse en Amazon en formato Kindle (muy pronto en copias de papel también), es la siguiente:

La historia de la filosofía es una verdadera aventura del pensamiento. Desde sus orígenes en Grecia, en este libro se hace un recorrido por la historia de la filosofía en la edad antigua, comenzando en el siglo VII a. C. (los filósofos presocráticos) y terminando en el s. III de nuestra era (el neoplatonismo). La parte principal del libro la constituyen los textos de los principales filósofos, cuidadosamente seleccionados, de manera que puede decirse que es una verdadera antología. A cada texto acompaña una exposición de la vida y principales ideas de cada filósofo. En total, son ocho capítulos los que componen el libro: los orígenes de la filosofía, Sócrates y los sofistas, Platón, Aristóteles, el estoicismo, el epicureísmo, el escepticismo antiguo y el neoplatonismo.

Pueden contactar directamente al Dr. Polanco en su correo mp[arroba]ufm.edu.

Datos de la publicación:

Detalles del producto

  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 850 KB
  • Longitud de impresión: 250
  • Editor: Editorial Arjé; Edición: 1 (29 de noviembre de 2016)
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B01MQQFP5C
  • Word Wise: No activado
  • Tipografía mejorada: Activado

 

Las ideas económicas de José Ortega y Gasset: una primera aproximación

Alvaro Cebreiro joseortegaygasset

Caricatura de José Ortega y Gasset hecha por Álvaro Cebreiro, Museo de Belas Artes Da Coruña.

Parece claro, a la luz de las conclusiones de sus más recientes biógrafos y estudiosos de su obra, que Ortega y Gasset siempre se movió en los límites de la democracia liberal en un tiempo en el que casi nadie quería mantenerse dentro. Por lo tanto, siempre fue un liberal, con diferentes matices o adjetivos añadidos a esta filiación ideológica principal, pero siempre un liberal político en el sentido más lato del término. Sin embargo, no se han estudiado tanto las ideas económicas que Ortega leyó, asimiló y defendió a lo largo de los diferentes momentos de su vida como liberal político. Este trabajo pretende ser una primera aproximación a las fuentes del pensamiento económico del filósofo y politólogo madrileño, con la intención de matizar y completar sus ideas desde la perspectiva de la Economía política.

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El pensamiento de Peter Sloterdijk

El próximo 1 de octubre empezará a impartirse el curso “El pesamiento de Peter Sloterdijk” por el Dr. Adolfo Vásquez Rocca, desde Chile, en línea, para todas las personas interesadas de habla hispana y los estudiantes del M.A. en Filosofía de la UFM, Guatemala.

El curso se compone de 9 sesiones de 3 horas, durante 9 sábados, de 8 a 11 am, hora de Guatemala (UTC-06), mediante un aula virtual.

Precio: Q 4,308 (unos USD 570 al cambio). 2 Unidades de Mérito Académico válidas para las 40 que tiene el M.A. en Filosofía (en línea)

Más información e inscripciones:
http://posgrado.ufm.edu/contactenos/

Adolfo Vásquez Rocca, Doctor en Filosofía
Director de Revista Observaciones Filosóficas
Web: www.danoex.net/adolfovasquezrocca.html
Academia.edu: http://emui.academia.edu/AdolfoVasquezRocca
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Universidad Complutense de Madrid
Escuela Matríztica

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