Liberalismo y Literatura

Por Andrea Rondón*

Por Andrea Rondón*

“La libertad es un bien precioso, pero no está garantizada (…) La literatura, que respira y vive gracias a ella, que sin ella se asfixia, puede hacer comprender que la libertad no es un don del cielo sino una elección…”.

La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa.

Recientemente releí una entrevista que Carlos Rangel y Sofía Ímber [1] le hicieran a Jorge Luis Borges en 1981 cuando estuvo en Caracas. A la pregunta sobre si el escritor tiene un compromiso, Borges respondía que él tenía un compromiso con la Literatura y que aspiraba que sus libros mejoraran a las personas que los leyeran.

No creo traicionar el pensamiento de Borges si por mejorar entendemos a una persona cada vez más crítica, autónoma e independiente. Podemos incluso fundamentar esta afirmación al ver la posición política (su posición frente al Estado para ser más exactos) que definitivamente permeó en su obra.

En una entrevista Borges afirmó que “…yo me definiría como un inofensivo anarquista; es decir, un hombre que quiere un mínimo de gobierno y un máximo de individuo” (Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari: Reencuentro. Diálogos inéditos, Editorial Suramericana, 2001, p. 150). En esta afirmación está el deseo o aspiración de un individuo más independiente y más responsable (en lugar del Estado) de su proyecto de vida. Estas son las ideas que se defienden y difunden desde el pensamiento liberal [2].

A través de la Literatura se pueden transmitir estas ideas e incluso pueden ser recibidas con menor resistencia que si fuesen expuestas en otro contexto. No debemos olvidar que a los liberales o a los defensores de las ideas de libertad se nos acusa de fracasar en la divulgación de las ideas y que este fracaso se hace aun más evidente frente al discurso persuasivo del socialismo.

Andrea Rondón estará impartiendo en línea este curso para el tercer trimestre de 2016. Haga click sobre la imagen para saber más.

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Ludwig von Mises, uno de los intelectuales más importantes de la Escuela Austríaca del siglo XX, lo anticipaba también en La mentalidad anticapitalista, en la que afirmaba de forma categórica que “La Literatura no es conformismo, sino disentimiento. Quienes solo repiten lo que todo el mundo aprueba y desea escuchar pasan sin dejar huella. Cuenta únicamente el innovador, el disidente…” (La mentalidad anticapitalista, Unión Editorial, Madrid, 2011, p. 63). 

Mises se refiere a la Literatura en el sentido más amplio del término, pero que definitivamente también incluye la Literatura de la que nos ocupamos en este espacio.

Así tenemos que Rebelión en la granja y 1984 de George Orwell, como novelas distópicas, muestran y advierten cómo operan y afectan los totalitarismos al individuo, lo que hace Friedrich A. von Hayek en un libro político (en propias palabras del autor) como Camino de servidumbre.

De un modo similar podemos trazar un paralelo entre El extranjero de Albert Camus, que nos muestra un individuo, representado en Meursault, incapaz de ver o reconocer al otro, y La banalidad del mal de Hannah Arendt con su detallada descripción del Eichmann en el juicio en Jerusalén y del Eichmann que sin preguntas ni remordimientos y sin sentimientos de crueldad fue capaz de armar una maquinaria asesina perfecta.   

Los ejemplos no se agotan aquí. Podemos trazar paralelos entre obras de dogmática liberal y de Literatura, en las que unas complementan a las otras, porque en la primera encontraremos propuestas de una economía universal y válida para todo lugar y tiempo; de la evolución espontánea de las instituciones sociales; de la imposibilidad del cálculo económico en ausencia de propiedad privada de los medios de producción (en socialismo); y la segunda con ficciones o novelas de corte histórico ayuda a trasmitir estas ideas.

En definitiva, nuestra intención es mostrar que la Literatura no se reduce a entretenimiento y que por el contrario, en algunos casos puede resultar difícil y dolorosa su lectura, pero que al transportar al lector a otras realidades, facilita la comprensión del mensaje, y especialmente uno que no es tan popular y que encuentra resistencia, como es el caso de las ideas de la cultura de la libertad.

NOTAS FINALES

[1] Carlos Rangel (1929-1988) fue un periodista venezolano, analista político, ensayista, abogado, intelectual que denunció los mitos que no dejaron evolucionar a América Latina. Sus obras más conocidas Del buen salvaje al buen revolucionario (1976), El Tercermundismo (1982) y Marx y los socialismos reales y otros ensayos (1988). Sofía Ímber (1924-) es una periodista venezolana y promotora del arte en el país, de hecho, una de sus contribuciones más reconocidas es haber sido la fundadora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

[2] El término liberal es una definición problemática, pero en este artículo por liberal entendemos las ideas defendidas por la Escuela Austríaca que surge como propuesta económica con Carl Menger en 1871, pero con sus intelectuales más reconocidos del siglo XX como Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek y Murray Rothbard trascendió a la filosofía, política, derecho y otras áreas del conocimiento. 

* Andrea Rondón es Doctora en Derecho de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Directora del Comité de Derechos de Propiedad del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice Libertad). Directora Académica del Instituto Ludwig von Mises Venezuela. Miembro de la Cátedra Carlos Rangel de la UCV. Profesora de la Escuela de Derecho y de la Maestría de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Estará impartiendo en línea para la Escuela de Posgrado de la UFM el curso “Visiones Literarias de las ideas de la Libertad“. 

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