¿Cuántas víctimas hubo en el conflicto armado de Guatemala?

Hoy queríamos compartirles esta digitalización de una separata de un interesante artículo de nuestro coordinador del área de historia, el Dr. Carlos Sabino.

El artículo es una adaptación, con ligeras modificaciones, del capítulo 25 del tomo II de su libro Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) (Guatemala: Fondo de Cultura Económica, 2006).

Puede citarse de este modo:

Sabino, Carlos. “El número de víctimas del enfrentamiento armado interno de Guatemala.” Anales de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, XVI, 2016: 163-190

En el dicho artículo, el Dr. Sabino justifica la necesidad de poder contabilizar de modo más objetivo las víctimas del conflicto armado. Para ello hace un exhaustivo recorrido bibliográfico por los datos disponibles sobre esta cuestión, a partir de estimaciones globales y recuentos de casos concretos. 

Su conclusión sobre estas fuentes es que:

Todas estas informaciones -como algunas otras que no presentamos al lector para no abundar sobre lo que nos parece suficientemente claro- se basan en apreciaciones generales, poco o nada detalladas, que por eso producen cierta desconfianza. Nadie se toma el trabajo de explicarnos la forma en que se han contabilizado las muertes y, como bien dice Jorge Luján, no aparecen las mínimas precisiones que resultarían indispensables como para aceptarlas como ciertas. Lo único que puede afirmarse con certeza hasta aquí es que, hacia el final del conflicto armado, se afirmaba sin mayor discusión que se habían producido unas 40-60.000 víctimas fatales desde sus comienzos, fijados algo arbitrariamente en 1960. (p. 166)

Es decir, que solo con la información de ambos bandos contendientes, grosso modo, el número de víctimas del conflicto armado civil en Guatemala ya distaba de la cifra de 200.000 fallecidos, no justificada, por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico:

La cifra de 200.000 víctimas contradice, de partida, las informaciones previamente existentes, es incompatible con los datos demográficos del país y con varias otras formas de hacer el cálculo que es objeto de nuestro interés. Para revisarla, sin embargo, es preciso proceder pacientemente, buscando un método que, confiando menos en instrumentos estadísticos que resultan de dudosa validez para el caso de estudio, examine todos los ángulos del problema y las amplias informaciones disponibles. (p. 175) 

Lo que sigue en el artículo es el desarrollo de esta tarea anunciada. Para ello realiza una aproximación metodológica, analiza por qué las informaciones de las que se disponen son incompletas o inflan las cifras, analiza el concepto de “masacre” en función de su aplicación asimétrica a todos los casos de muertes violentas y cómo los datos extrapolados de esas masacres pueden aclararnos las dimensiones aproximadas, más acertadas, del número de víctimas y victimarios.

Tras su análisis, el Dr. Sabino llega a unas dimensiones argumentadas con margen de error que haría que el número de víctimas total oscilara entre un mínimo de 17.000 y un máximo de 46.000, siendo el número de 37.000 un cifra razonable de estima, desglosada de este modo en el siguiente cuadro (véase la p. 184 del citado artículo):

Es especialmente esclarecedora la sección final del artículo que habla sobre la responsabilidad por las víctimas que ambas partes contendientes tuvieron:

Afirmar que se produjeron 37.000 y no 200.000 muertos solo cambia la magnitud cuantitativa de la tragedia y de ningún modo la hace moralmente justificable o menos importante. Quienes piensan que exagerando e inflando los números favorecen a las víctimas del conflicto caen presa de su propia ilusión, pues la verdadera justicia no puede levantarse sino sobre la base de la verdad histórica, de afirmaciones verificables y lo más sólidas posibles. Esta discusión, sin duda alguna, nos remite directamente a otro de los problemas más importantes que aparecen siempre cuando se trata de hacer historia reciente: el de la objetividad. (p. 187)

Ha faltado imparcialidad por parte de la mayoría de los historiadores, según nos expone Sabino, que han tomado partido a favor de la guerrilla o solo en contra del Estado de Guatemala, con un sesgo ideológico muy marcado, cuando la realidad siempre es más compleja y plural. Concluye Sabino:

Un examen más desapasionado debería tener en cuenta que la guerrilla, aún con las mejores intenciones que puedan atribuírsele, se lanzó a destruir el ordenamiento político y social del país utilizando todos lo medios a su alcance. Se comprometió en un camino de violencia que desató represalias también violentas […] Acusar a unos y disminuir las culpas de otros, no importa cual bando se defienda, no es más que proseguir la lucha -armada en su momento- ahora en terreno de los derechos humanos y la supuesta búsqueda de la paz. Es, claro está, nuestra opinión personal, pero es también la conclusión que podemos sostener después de haber recorrido el largo y complejo camino de la historia reciente de Guatemala.

Aconsejamos a todas las personas interesadas en este tema leer al completo el artículo del Dr. Sabino para la discusión en detalle de sus cálculos de víctimas y la metodología empleada, así como para ver toda la argumentación de sus conclusiones sobre este luctuoso episodio de la historia guatemalteca, para una mejor y más acertada defensa de los derechos humanos y civiles de todos los ciudadanos de la República.

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2 pensamientos en “¿Cuántas víctimas hubo en el conflicto armado de Guatemala?

  1. En todo conflicto armado siempre habrán bajas. El problema es que los izquierdistas se tomaron la tarea de demonificar a su contrincante. Es parte de la nueva estrategia de mentiras que quieren inculcar en las mentes de las nuevas generaciones. Pero, como ciudadanos conscientes, debemos tomar la tarea de enseñarles a nuestros hijos la verdadera historia de lo sucedido en esos 36 años de oscuridad.

    • Gracias Francisco por tu comentario. Correcto. Los derechos humanos deben ser respetados, en efecto. Y la violencia, los asaltos al poder por las armas o sin respetar las leyes, las dictaduras y gobiernos represivos, sean del signo político que sean, no son forma adecuada para alcanzar la libertad, el respeto a la vida y el derecho a la propiedad de cada ciudadano.

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