Costa Rica, elecciones latinoamericanas y el liberalismo

En la actualidad, los latinoamericanos están votando no por el mejor candidato, sino por el menos peor o en contra de un modelo político.

por Carlos Sabino (Coordinador del área de Historia de la Escuela de Posgrado):

Carlos Sabino

El pasado domingo 1 de abril se realizó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica, entre dos candidatos que –casualmente– tienen el mismo apellido: Alvarado. Uno de ellos, un pastor evangélico de posiciones definidamente conservadoras, el otro perteneciente al partido actualmente en el Gobierno, de izquierda moderada. Yo, como supongo lo harán muchos de mis lectores, hice el ejercicio mental de imaginar qué estaba frente a la mesa de votación y tenía que decidir por cuál de ellos votar. Me resultó difícil, casi imposible.

Sé perfectamente que en política casi siempre se le ofrecen al ciudadano alternativas que para nada lo complacen: no es como en el mercado, donde el cliente elige lo que más le gusta o le conviene y recorre los comercios hasta encontrar lo apetecido. En una elección se presenta un escenario diferente, pues hay que elegir alguna de las pocas opciones que se ofrecen. La lógica, entonces, es votar por el que nos parece relativamente mejor o, como se dice de modo coloquial, por el “menos peor”.

Pero lo que ocurrió en este caso, sin embargo, no se reduce a este problema, si se quiere normal dentro del sistema democrático. Lo que acaba de pasar en Costa Rica muestra que los electorados van polarizándose de un modo preocupante hacia posiciones contrarias a la libertad de las personas. Eso es lo grave, como pretendo explicarlo en las siguientes líneas.

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