Derechos históricos territoriales y descentralización

Tras la muerte de Fernando VII en 1833 estalló una pugna por la sucesión en el trono de los Borbones en España. Por un lado estaban los partidarios de abolir la antigua Ley Sálica que daba preminencia a la herencia del trono por línea masculina. Estos querían que la hija del Rey, la infanta Isabel y la Regencia de su madre María Cristina, por eso se los conoció como isabelinos o cristinos, y eran partidarios de la abolición de todos los remanentes del Antiguo Régimen y de la construcción de un Estado liberal centralizado y homogéneo, que se mirase en el modelo francés.

Por el otro lado, estaban los partidarios de la tradición jurídica y los privilegios, derechos o fueros del Antiguo Régimen, incluida la monarquía absoluta y católica, los privilegios de los estamentos nobles y eclesiásticos y las ciudades o territorios concedidos por la Corona o mantenidos y reconocidos desde tiempos remotos. Eran partidarios de mantener la ley Sálica y que el trono fuera a parar a manos del infante don Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII.

La pugna llevó a una guerra civil cruenta, combatida con gran habilidad táctica en las montañas del País Vasco, Navarra y el Maestrazgo bajo el liderazgo del General carlista Tomás de Zumalacárregui. Se conoció como la Primera Guerra Carlista (1833-1839). Esta es uno de los conflictos más interesantes y detonantes de la modernidad española, como estamos ahora estudiando en el curso Historia Contemporánea de España I, de la M.A. en Historia, de la Escuela de Posgrado.

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